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11.20.2011

DEPRESION 1

Sentado escribiéndole a mi barba, ella se fue solo por que llego ella; perdón por abandonarte, si has sido mi única fiel compañera, pero hay veces que me rindo y el mundo deja de ser un sitio tan lindo. Quiero matarme en un idea, suicidarme en un frase decirle lo mucho que le quiero sin importarme lo que pase. Le canto a la luna, que le diga lo que yo no puedo expresar, si asesino mis locuras solo por no hacerle enfadar. Que me encuentro tan cansado y trato de no hacérselo mostrar, que me pesa la espalda y la rodilla empieza a molestar, que estoy más que harto y algo viejo para jugar, que yo no sé cómo se rijan haya afuera. Pero aquí las palabras valen más que mil imágenes y no conozco márgenes que haya que respetar, que si un hombre dice querer es porque quiere y cuando quiere se refiere a que muere por su mujer. No sé si lo has notado pero no tengo mucho que te pueda ofrecer si no es un alma maltrecha y cansada de perder, la mitad de un corazón y un cuerpo que trata de no desaparecer.
Entiendo si te vas a decir verdad, yo lo haría. ¿Quien querría quedarse con un loco que no tiene pa ofrecer nada que no sea querer con rabia y saberse ajeno? Porque vida, quizá no lo entiendas en tus lindos años, pero yo soy tuyo antes de que pensaras en nacer. Hoy no quiero ver al mundo, para mi sera un extraño y me entiendo ermitaño del tamaño que le guste a mi depresión, quedarse en la cama por el puro gusto de saber que así no me sentiré mejor. Me castigo con disciplina soviética y mi ética no me permite tantas cosas, plante un jardín entero para disfrutar de las espinas y arrancarle los pétalos a las rosas.

11.14.2011

LAS PAREDES NO OYEN TODO.


Ella es flaca, de rasgos toscos, ojos verdes, boca delgada y voz de tono grave. Lo que muchos llamarían poco atractiva. Sin embargo, él la veía con interés, con deseo efervescente, había algo en ella, en el dejo de su voz, la línea de sus palabras que le seducía.
Su mujer, le pensaba como todas las mujeres a las que alguna otra le roba besos, caricias y secretos a su pareja; le pensaba demasiado suyo, demasiado seguro, algo por lo que no había que competir o preocuparse. De cabello negro intenso y sedoso como si hubiese sido fabricado ayer, de piernas largas y esbeltas, curvas exactas escasamente moderadas y una boca jugosa, la mujer trofeo que todo hombre desea, ¿porque habría de preocuparse por él? Le tenía seguro.

La cita fue en horario laboral, el había pedido el día sin que su mujer lo supiese. El lugar, un motel barato del centro, no había necesidad de gastar en lujos o conquistas. A ella, él le parecía de lo más interesante, un joven de buen cuerpo, con un futuro laboral prometedor aunque desperdiciado, pero el dinero no era lo que le interesaba. Lo que prendía el fuego era la mirada de él, la forma en que escuchaba, en que hablaba, la forma en que le acariciaba el cabello cuando coqueteaban y la manera de tocarla, esa manera tan personal, tan preocupada por el placer de ella y abandonado del propio. Encima, el no era nada feo y de verdad esto no había pasado por iniciativa suya, si por culpa compartida, mas no por motivación de su parte. Ella lo había buscado.


Cada semana había una pelea en casa con su pareja, palabras despectivas y caprichos inentendibles. Amigos de trato dudoso y palabras ameladas, despreocupación por su estado anímico, desinterés por su vida fuera de casa.
Y ella estaba ahí para escucharlo, de la misma manera que él lo hacía. Las platicas por teléfono fueron convirtiéndose en cafés para charlar de manera más intima, citas al cine cuando su mujer estaba muy ocupada en asuntos de mayor interés, besos ocasionales, sexo por alcohol, amor por necesidad.

La noche era acalorada, los mosquitos rondaban en cada esquina donde algún charco de agua estancada descansaba con las estrellas reflejadas en su tranquilidad. Unos zapatos viejos rompían con el silencio, acompañados del golpeteo de unos tacones de aguja exageradamente altos. El edificio se erguía enfrente cual giralda llena de secretos pasionales y placer comprado, ellos entraron como quien visita un museo.

Primero los abrigos cayeron al tocador, un whisky barato se vertía sobre un vaso old fashion con tres hielos y un coctelero con soda. La radio tocaba canciones lentas y románticas de los artistas de moda. Los besos tímidos no se hicieron esperar, una mordida al labio inferior de él rompió el hielo. Ella boca arriba, sin tacones y con un vestido negro, con las piernas flacas y trigueñas enredadas entre la mezclilla del pantalón de él, mientras los delgados dedos de ella desabotonaba su camisa blanca, sus uñas carmesí se enredaban entre el vello de su pecho. El sudor y el perfume comenzaban a fundirse, la ropa desaparecía de la escena, los movimientos empezaban a hacerse más toscos. La espala de ella se encorvaba de manera espasmódica mientras el paseaba entre sus piernas, jugando con su sexo, cubriendo la culpa con el placer, enseñando la cátedra que habría aprendido tras años de desenfreno y que no dejaban enseñar en casa. Los besos empezaban a escasear y las mordidas y exhalaciones aumentaban, pequeños gritos de placer arrancados por algún movimiento sorpresa, por alguna jugada repetida y realizada mecánicamente, sus cinturas bailaban al compas de la música que había entre ellos, la radio había desaparecido, su mujer había desaparecido, el universo no existía, solo eran ellos. Solo eran ellos cuando el sin darse cuenta, bañado en sudor, extasiado al límite, con los músculos de los brazos tensos, le dijo al oído te amo. Yo también amor, fue la respuesta que sello todo.

Su mujer jamás supo la causa del divorcio, jamás se entero de los engaños, quizá recíprocos, quizá no, jamás entendió la causa, el solo dijo adiós y sus abogados arreglaron todo.

4.17.2011

¿CUANTO PESA UNA AUSENCIA?

Dile al viento que ya se fue, dile al viento que no volverá, dile que no traiga su aroma, que olvide su nombre, que ya no lo grite, ya no lo quiero escuchar.
Se que se ha ido y no lo quiero olvidar, pero recordar esta noche solo me hace llorar.
Adiós abuelito, perdona si alguna día te hice rabiar, perdón por no ser el nieto que quisiste, el hombre que pediste, pero solo puedo seguir el camino que elegí ser un hombre al cien por ciento, de pies a cabeza, cabal como tú, honrado y bueno, alejarme de la maldad, vivir con el alma amar sin pausa, decir lo que creo luchar por lo que pienso.
Dile al viento que ya se fue, dile al viento que no volverá, dile que le diga que hace falta acá, que por favor regrese, que aún no era tiempo, que lo quiero volver a abrazar.

PUFF

Ella... Todo lo que podría pedir y exactamente todo lo que destruiría mis planes. Bajo de mi infierno maquillado para entender que enamorarme de ella seria dejar de ser, estoy loco lo se y no me concentro porque necesito abarcar mas espacio, soy indudablemente enorme y no podía, no quiero y... no lo merece, no lo merecen, basta de jugar al príncipe azul, soy un enfermo vestido de época medieval; me falta la espada y las ganas de matar al dragón.

OJOS DE CIELO.

Porque si escupo un gargajo, mínimo seis rimas se escapan entre la saliva.

A mí me encantaba ella, no puedo pensar en mejor delicatesen que su cuerpo color de playa y sus ojos verde estrella. Resumido entre sus palabras deje de ser, y como ella me buscaba a mí, jamás la encontré. Pasa cuando queremos abarcar un solo estanque sin salpicar, siendo nosotros un océano completo. A veces pintamos de santos a quienes son solo acólitos, y rezamos demasiado a un Dios que trae audífonos. Mejor fluir y dejar huir a quien quiere hacerlo. Hoy solo sé que soy lo mejor que puedo ser por el momento, porque me doy mi tiempo, marco mi ritmo y selecciono mis acciones, amistades y lugares, lo mejor, enfocándose directamente en mis muy distintas prioridades. Con esa mujer, no supe ser el hombre medianamente bueno que necesitaba y aunque me muero aun de las ganas por encenderle el universo en besos, se que hubiera tenido que hincarme para pasar por su camino. No es que sea mejor que ella, solo que miro más lejos, abarco más espacio y exijo más esfuerzo.

Para mi, sus ojos eran azules porque en ellos encontré mi cielo.

3.29.2011

LABIOS DE GROSELLA.


Bajo negra tilde escribo los puntos decisivos de esta relación, deja de hablarme de amor. Amor sera cuando este llegue y no quiero sexo las veinticuatro, a veces prefiero ver películas sin tocarnos encerrados en el cuarto. Deja de presionarme, hablemos de tiempos sin tiempo, sin pasado ni futuro. Si ni del hoy estoy seguro, ¿para que complicarnos siguiendo al reloj? Si ya sabes que te miente y cada vez que lo miras te dice algo diferente. Dejemos que el presente nos obsequie los motivos. Si mañana tú te vas, es que buscábamos fines distintos, si mañana yo me voy, es que soy idiota, lo traigo por instinto. Vivamos por vivir, bésame por qué quieres y si la gente habla que hable mientras me quieres. Déjame ser mientras te soy completo, quiero aprender de tu fauna, tu flora , tu gente y tu cultura, tanto que me he aprendido por completo tu alfabeto, memorice tu historia en tertulias que me regalaste a mí y al viento, sé de los gobernantes que has tenido y de tus más memorables monumentos. ¿Para que discutir de lo que no se está seguro? Y yo solo estoy seguro de que te quiero como el cielo a sus nubes, de que combinas conmigo como el whisky con el jazz, de que somos felices juntos, como nosotros somos solos. Ahora callate muñeca, que estoy escribiendo de ti, deja de gritarme y duérmete ahi, no es momento de peleas sino de ser dejarme ser feliz y si no lo eres tu por ti, al menos selo por mi y mañana vete allí... a ese tu país que dices es mejor y menos gris, menos yo, menos mi nunca jamas y mas realidad, ¡que va! Yo puedo con ellos solo dime que si, que me crees lo que te diga y yo te robo de aquí, para dejar de soñar y empezar a vivir como queremos vivir. Tu duerme con... mis centellas y yo me pierdo en esos tus... labios de grosella. Buenas noches mi cielo, guárdame un estrella, mañana vengo por ella.

3.28.2011

PAOLA.


Seducia al caminar con swing sobre el aire mismo.


Se llamaba como el viento le soplara al oído, a mi me toco oír paola.

Medía siete planetas y dormía bajo las olas, lanzaba besos al gusto y algunos cayeron por tipos de menor visión que se quitaron al descubrir lo que querían, totalmente contrario a lo que pensaban.

Hablaba de la vida como una alma nueva, como quien descubre que caminar sin zapatos es caminar de verdad sin necesidad de otros aparatos. Observaba los detalles de todo y se sorprendía de escuchar hablar a quien hablaba sin pensar, al oir los altibajos de la voz de aquel causados por las mentiras, mezcladas con verdades entre diferentes tonos, le causaban una extrañeza tan seria que no podía, ni pensaba, en ocultar su desconcierto. Guardaba silencio si el otro hablaba, ella quería escuchar que tenia el otro para contar y aprender del sujeto que los pasos de cada uno habían traído hacia ella y viceversa.

Mostraba sus artesanías sin el menor decoro, sin humildad prefabricada para no parecer egocéntrica pero sin el mas leve aire de superioridad, eso si con huracanes de autosuficiencia que desconcertaban al acercarse.

Sonreía con la boca, con los ojos, con la nariz, con el rostro entero, sonreía de verdad y no de dientes hacia afuera. El alma se le salia hasta tocarte y jalarte esa mueca de amargura para que descubrieres que este momento era feliz y no ordinario, era un momento especial por estar con ella y ella hacia que lo supieras.

Me llego a tocar varias veces, todas inolvidables, todas eternas. Solo pequeños roces de "disculpa, te rocié. Deja te limpio." Su mano palpaba la superficie de mi brazo, su respiración cerca de la mía viendo fotos de su obra mas reciente, huracanes en torno de mi nuca, su mirada amarrando la mía a 7 centímetros el uno del otro. Mierda, irremediablemente enamorado y lógicamente insuficiente para ella.

Piel morena, ojos negros, cabello enmarañado, ropa como necesidad y no como accesorio para retocar su estética, sandalias y una mochila.

Un tercer ojo, un olor extraño, un alma demasiado grande para el mundo donde vive.

LIBRERO DE RAP DE CAFÉ

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