Venga niña, ¿Por qué miras tan profundo? No estoy acostumbrado a que me miren desnudo, en cuerpo si, en alma un no rotundo. Si fuera tan sencillo te llamaría gitana y tú, llámame vagabundo. Esa mirada tuya, fija, tensa, engancha, pone a la defensiva porque se sabe que está mirando más que las miradas comunes. Tú eres una vidente de transparencias, buscas personas que te cuenten el espíritu en pláticas superficiales sin saberlo y yo, no solo lo cuento agradecido, te lo escupo, lo vomito todo. Léeme la mano hechicera, ha de de decir que una historia nueva comenzara antes de la luna llena. ¿Dime crees en dios? Yo creo cuando necesito respuestas y las necesito hoy. Si esto fuera un cuento, en tu vida aparte del que es la mía claro, tu contexto serian magos y malabaristas, trovadores y carteristas, un ambiente de misterio colorearía mas esas mejillas sin carne, ¡mierda! Ese guiño esporádico que sueltas a matar mientras platicas. Esa boca que te quiero comer y saborear lo que parece ser sufrimiento, tenacidad y malicia. Oye flaca, me encanta tu cuerpo ese que hipnotiza. ¿Mi contexto? Vagos, pobres y rateros. Barrios de cartón y mis amigos pidiendo algunos pesos, barbas largas, manos sucias pero con ojos de cristal, ventanas sin cortinas, almas que se salen del cuerpo porque se quieren contar, en especial, a las videntes con ojos de gitana, cuerpo de espiga y con una mirada como para matar.
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