2.22.2011

GITANAS Y VAGABUNDOS

Llueve acido en los callejones de piedra de mi ciudad, entre callejuelas, prostitutas y vagabundos tratan de resguardarse. El fuego de un bote viejo y el olor de la basura ardiendo, dan el toque más bohemio que se puede lograr a este antro de tercera. Melancolía se escurre entre las paredes sucias revolviéndose con charcos de fe. Grises y blancos, negros y ausentes dibujan el cuadro. Un vagabundo se aparta del tumulto reunido bajo un techo, a él no le importa si el acido le moja- Verán, él es que suele diluviar y por una vez que sea a la inversa en serio, nada pasara. Al lado del vago aquel, una caravana de gitanos pasa entre albores y albures, canticos y violines, el glamur de la vida nómada.  Nuestro sin techo siempre mira las caravanas de gitanos con entusiasmo, no tiene talento comercial alguno y siempre quiso acompañarlos. Pero esta vez, mientras contempla la ventana que trae a un gitano que canta al compas de algún lejano violín que viaja en los carros frontales, una ventana con luz en una de las carretas de atrás lo distrae por completo, una gitana de tez morena y cabello castaño lacio le mira penetrantemente, le mira el alma desnuda, le roba sus secretos y sonríe. El se levanta, con las piernas entumecidas y los zapatos rotos echa a correr tras del carro…

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