Viento.
Tres puños de tiempo, viento. Dos sacos de llanto. Un vivieron felices para siempre y la proporción exacta de giros inesperados.
Mar.
Un costal de “no saber amar”, mar. Diecisiete constelaciones de impotencia. El hechizo no se rompe si no lo amas.
Fuego.
Fuego y trescientas insípidas lamentaciones. Fuego y falta de pasión en cada trazo nuevo.
Agua.
Agua y tu cuerpo, agua y tu flujo. El mundo y tres porciones de megalomanía. El universo y diez posiciones para llorar sobre la cama con la ventana que da a la calle abierta, toco, sales y…
Viento.
De nuevo viento y tu Dios es lo más despiadado que conozco, después de mí claro, después de ella.
Tierra.
No la conozco, lo siento, soy presa de una luna celosa que te mira con ira. ¿Llueve? Es cianuro que la muy perra transpira a causa de tanta envidia. ¿Conoces el tiempo vida? yo me pelee con él hace tanto que no recuerdo cuanto. Los segundos no me hacen daño pero a la par, por antonomasia “él para siempre” perdió significado; si no hay matriz no hay accesorios, el tiempo y sus medidas. ¿Qué harás cuando tengas que comprar un libro porque tiene mi apellido en la portada y nos leas en un hace tanto?, y sepas que sigo tonto, por no entender aquello del: ¿todavía? Y es que ¿ya hace cuanto?
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