Me dijeron lucha, levanta la cara, y aprieta bien esos puños. Pega hasta que sangre, representa con orgullo. Si tú no lo muerdes, va a morderte él, seguro. Me dijeron que sin retirada, que la casa nunca pierde. Y es que ellos serán más pero nosotros somos mejores. Me dijeron ladra y si corren, ataca. No habrá mejor aviso que el ataque con el que se mata. Sangré la camiseta mientras gritaba mis letras. Pura siempre locos puto, ¿porqué no lo intentas? Me llenaba de rabia, perdía la cabeza, si me tachas la pagas, si te metes con mi barrio, hermano, mejor que corras y te escondas. No me importa cuántos son, solo sé que represento y si él no respeta mi barrio yo no te respeto nada. Llegaba a mi casa y al verme al espejo era un soldado, la nariz rota, el cráneo reventado. El valor lo fui ganando a cada golpe fallado, y es que un tiro errado es un tiro que se da con nervios. En la siguiente mas furioso y con mirada fría, e ir por ellos. Estaba orgulloso de la sangre derramada, jugué su mismo juego junto con toda mi armada pero… me di cuenta de que yo no era un soldado, yo era un puto rey, de esos que dan la espalda a lo que algunos llaman ley y un rey juega con sus propias reglas. Cambie el modo de juego de soldados de juguete a vietnamitas sin salida, empecé a escoger mis batallas, y entre mas rehenes potenciales veía más seguro me sentía al cabo no soy de vidrio me decía. Pero… nada de caminar seguro ni de disfrutar las caminatas, nada de ir a donde yo quiero porque si son muchas las ratas, se comen al gato. Me di cuenta que yo no era un rey era un pelmazo como todos ellos, era une esclavo de unas reglas tan idiotas como los concursantes del juego ese. Puse mis letras bajo mi bota, y a sus reglas con mis pantalones baggie, les di la espalda y apreté los puños porque, era hora ya de irse y es cuando los enemigos más atacan, cuando piensan que eres débil, sin saber que has aprendido el arte de la retirada.

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