Se derretían sus dedos con el tacto de su piel, ella fuego puro mezclado con hidromiel, su perfume olía a incendio y sus besos a que era infiel pero eso, ya lo sabía él y que podría importarle si en el infierno la encontraría a ella. Mejor quemarse juntos y hoy, seducirle hasta la sombra. Mañana ser cola de centella y dejar el trayecto de sus dedos marcados en esa estrella. Se quemaba el cosmos, esos ojos igníferos le miraron fieras; le mordía espasmódicamente de la oreja a la entrepierna, del ombligo al universo y de los dedos a su océano. Las llamas de ébano de su cabello rozaban el desnudo de su pecho mas su pecho no, solo la línea olvidada que le marca el exterior. En un yin-yan de queroseno, en un vaivén sin frenos el infinito mismo tembló, en la noche que la luna quemo al sol; recordándole lo que es el fuego, el fuego mismo como combustión.3.02.2011
COMBUSTIÓN PURA.
Se derretían sus dedos con el tacto de su piel, ella fuego puro mezclado con hidromiel, su perfume olía a incendio y sus besos a que era infiel pero eso, ya lo sabía él y que podría importarle si en el infierno la encontraría a ella. Mejor quemarse juntos y hoy, seducirle hasta la sombra. Mañana ser cola de centella y dejar el trayecto de sus dedos marcados en esa estrella. Se quemaba el cosmos, esos ojos igníferos le miraron fieras; le mordía espasmódicamente de la oreja a la entrepierna, del ombligo al universo y de los dedos a su océano. Las llamas de ébano de su cabello rozaban el desnudo de su pecho mas su pecho no, solo la línea olvidada que le marca el exterior. En un yin-yan de queroseno, en un vaivén sin frenos el infinito mismo tembló, en la noche que la luna quemo al sol; recordándole lo que es el fuego, el fuego mismo como combustión.
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