3.02.2011

COMBUSTIÓN PURA.

Se derretían sus dedos con el tacto de su piel, ella fuego puro mezclado con hidromiel, su perfume olía a incendio y sus besos a que era infiel pero eso, ya lo sabía él y que podría importarle si en el infierno la encontraría a ella. Mejor quemarse juntos y hoy, seducirle hasta la sombra. Mañana ser cola de centella y dejar el trayecto de sus dedos marcados en esa estrella. Se quemaba el cosmos, esos ojos igníferos le miraron fieras; le mordía espasmódicamente de la oreja a la entrepierna, del ombligo al universo y de los dedos a su océano. Las llamas de ébano de su cabello rozaban el desnudo de su pecho mas su pecho no, solo la línea olvidada que le marca el exterior. En un yin-yan de queroseno, en un vaivén sin frenos el infinito mismo tembló, en la noche que la luna quemo al sol; recordándole lo que es el fuego, el fuego mismo como combustión.

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