Buenas noches cantinero, señale a la más guapa del bar, puedo decirle su nombre, sus fobias, sus filias y su forma de amar. Señale a la que cuando vio entrar, no pudo más que preguntarse ¿Qué hace ella en este lugar?
Ella se llamaba mía, yo me llamaba de ella.
Llego en una noche clara, yo estaba sentado en esta mesa y me llego un perfume a estrellas que me hizo voltear a verla. Traía la luna en la piel, toda ella era de plata pura. Un listón de soledad y un rubor de noche oscura. Llego con JB mientras yo hablaba con Jackie, desde ese primer instante juro que la ame con locura y ella, con soltura. Yo le conocí a ella, cantinero, en esta misma mesa, a esta misma hora y con la misma compañía, nos olvidamos de ellos apenas nos fuimos con el ímpetu de dos poetas a escribir un cuento bello, tanto que nos pareció un exceso y descubrimos el miedo. Ella era la voz de Amy, yo era el frio calor del saxo sonando entre las penumbras de un 4x3 y el calor de un flexo cuando yo le dije amor, el mundo le dijo sexo.
¿Y qué paso? Que resulte más humano que cualquier humano, hermano. Me quiso tanto, que creo que se le paso la mano. Y hoy, para esa que ve haya cantinero, no soy más que un extraño. No me crea si quiere, pero le acabo de contar una buena historia, sírvame otro Jack Daniels y a ella llévele otro J&B de parte de un desconocido huraño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario