7.02.2012

HI.

Golpeaban en la ventana, querían entrar a jugar hasta que sonó mi alarma y dejaron de chillar. Ya no quiero salir, en serio me opacan las sonrisas falsas y llevo tanto con la mía que a veces olvido que es disfraz y empiezo a aceptarla como parte de mi anatomía. Jugaremos afuera, pero hay lobos mademoiselle, habrá que jugar a ser corderos para no asustarlos, aunque piensen en morder. No pido absolutamente nada más que a la lluvia como orquesta y hacer lo que hagamos en un cuartito en renta, darles hogar a nuestras hadas y dejar jugar a los duendes.

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