-¿Qué haces princesa? –Le pregunto su
madre-.
-Recordando, mama.
-Eso a veces es bueno, aunque puede ser muy
malo también. ¿Qué recuerdas? Si se puede saber. -Chuahua volteo a ver a su mama, parecía que
estaba decidiendo si debía contarle, si debía expresarlo por primera vez,
materializar el pensamiento en palabras, tenía miedo de que el bosque la
escuchara-.
-Recuerdo… recuerdo a alguien. -Su madre con sonrisa de complicidad le
miraba, su hija crecía-.
-¿Dime, es guapo?
-No, de hecho, no te gustaría, ¿sabes?…
-Bueno, no creo que me guste jamás, alguien
para mi princesa, nadie esta a tu altura, pero, ¿eso que importa? Importa que
te guste a ti. Pero aquí la mas grande interrogante es, ¿Por qué lo recuerdas? ¿Por
qué no mejor lo vives?
-¿Cómo?
-Ve por él, búscalo.
-Pero…
-Pero nada corazón, eso es cobardía.
Recordar es para cobardes, vivir es para quienes vivir merecen. Con permiso,
señorita, la dejo con su cobardía.
-¡Mamá!
-Nada de mamá, adiós. Te quiero.
-Y yo a ti.
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